domingo, 6 de noviembre de 2011

Antes tenía ganas por descubrir lo desconocido. Envidiaba a toda pareja que pasaba por la calle, hacía bromas a cualquiera que se me plantara delante. Veía el lado bueno de la vida, no pensaba en los problemas, sufrimientos... simplemente quería despreocuparme y disfrutar. Todos los fines de semana los pasaba fuera de casa, y cuando no, me quedaba en casa despierta hasta pasadas las tres de la mañana. La televisión me interesaba y me apasionaba ir en el tren. Ahora... ahora lo veo todo de otra manera. Ya no envidio a las parejas, cuando veo a una, pienso: ¿Cuanto durarán?. Ya no hago bromas, me las hacen a mí. Casi no veo el lado bueno de la vida, mayoritariamente me la paso sufriendo, diciendo: ¡Mi vida es una mierda! Pienso más en los problemas que en otra cosa, y ni siquiera puedo despreocuparme. Pocos fines de semana salgo en condiciones, y ya ni siquiera me quedo hasta las tres de la mañana despierta, como mucho hasta las doce y media. La televisión la miro, pero no me parece interesante, porque me parece un come cerebros, y el tren ni lo toco. Creo que merezco el premio nobel de gilipollas.

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